Pechina rindió homenaje al maestro Pepe: cinco facetas de una vida escrita con hechos
Alrededor de 120 personas arroparon el viernes a la familia de José Ramón Ramos Díaz en la presentación del libro Uldarico del Olmo Medina, Caballero del Bien, obra póstuma del maestro pechinero editada por Arráez Editores.
«Hay vidas que se escriben con hechos, y hoy estamos aquí para leer juntos algunos de esos capítulos». Con estas palabras abrió Cecilia Ramos Martínez —hija mayor del homenajeado y profesora de Lengua y Literatura en un instituto— el acto en memoria de su padre, José Ramón Ramos Díaz, celebrado el pasado viernes 17 de abril en el Centro Cultural de Pechina. Un acto que se celebraba, por deseo de la familia, en el pueblo del que era oriunda Carmen, su abuela, y al que el maestro Pepe volvía —como recordó Cecilia— «cada vez que podía, por todo el amor que sentía por esta tierra».
El salón se quedó pequeño. Amigos, antiguos alumnos, compañeros del colegio, vecinos y representantes institucionales se reunieron durante casi tres horas para recorrer, faceta a faceta, la figura de un hombre al que todos recordaban por la misma cualidad: la coherencia. «Pepe fue un referente ético —definiría su hija más adelante—, un humanista clásico que se define por la coherencia entre lo que piensa y lo que dice, entre lo que dice y lo que hace».

El acto sirvió también para presentar la obra que Pepe había dejado casi terminada y que su viuda, Cecilia Martínez, ha llevado hasta la imprenta junto al editor Juan Grima: Uldarico del Olmo Medina, Caballero del Bien, publicado por Arráez Editores. Un volumen de cerca de ochocientas páginas que rescata la figura de un maestro represaliado de la Almería republicana y reúne, por primera vez, la obra poética que Uldarico escribió en prisión.

Un ayuntamiento implicado de arriba abajo
La apertura corrió a cargo de Juan Manuel López, alcalde de Pechina, arropado por el teniente-alcalde Jesús García Palenzuela y las concejalas Laura González, Ana García y Carmen Gómez, responsable del área de Cultura. «Pepe dedicó gran parte de su vida a la enseñanza —dijo el alcalde—; para muchos niños y niñas fue su primer profesor y un referente; la persona que les enseñó a confiar en sí mismos».
El Ayuntamiento se volcó en la organización desde el primer momento. Lo agradeció explícitamente Cecilia Ramos Martínez al subir al atril: «Sin la ingente ayuda y sensibilidad de Carmen Gómez y de su equipo —con Noelia y Juan Antonio a la cabeza—, este homenaje no hubiera sido posible». El acto se enmarcó dentro del programa cultural municipal, con cartelería propia, difusión institucional y un vino español al terminar.

Las cinco facetas de una misma vida
Cecilia había estructurado el acto en cinco bloques, cada uno dedicado a una de las dimensiones públicas o íntimas de su padre. «Podríamos pasar horas enumerando las distintas habilidades que cultivó —avisó—; hoy nos centraremos en cinco». Arqueólogo, fotógrafo, maestro, investigador y, al final, Pepe padre, marido y amigo.
1. El Pepe arqueólogo
La arqueología fue la gran pasión intelectual de Pepe desde muy joven. Licenciado en Filosofía y Letras (sección Historia) por la Universidad de Granada, se especializó en la época romana de la Bética y formó parte, durante décadas, de un grupo informal de prospección que peinó el Levante almeriense durante fines de semana y vacaciones. Cuatro de sus compañeros de aquellas campañas —Manolo Salas, Diego Cruz García, Pepe Calatrava y Fefa Montoya— subieron al escenario para recordarlo y para reivindicar el papel clave de Pepe en la identificación de yacimientos que después han pasado a formar parte del patrimonio arqueológico protegido de la provincia.
Los tres compañeros coincidieron en un retrato inesperado para quien solo conociera al Pepe maestro: un prospector metódico, paciente, de cuaderno y cámara siempre a mano, capaz de reconocer en un simple fragmento de cerámica el indicio de una ocupación tardoantigua. «Nos enseñó a mirar el campo de otra manera», resumió uno de ellos.
El bloque cerró con la proyección de un fragmento emitido por Canal Sur dentro del programa Club de la Idea: una excavación arqueológica simulada que Pepe montó con sus alumnos del colegio de Pechina, recreando las fases de una campaña real —desde la cuadrícula y el cribado hasta el inventario de materiales— con chavales de primaria convertidos por unos días en arqueólogos. El aplauso fue cerrado.
2. El Pepe fotógrafo
«El Pepe Flash», como lo llamaron cariñosamente. Aficionado serio desde la adolescencia, Pepe acumuló a lo largo de décadas un archivo fotográfico de miles de imágenes en diapositiva y en papel. Su mirada iba, más que al retrato costumbrista, a la plasmación arqueológica: yacimientos, materiales, cortes estratigráficos, paisajes leídos con ojo de prospector. La cámara era, para él, una herramienta más del cuaderno de campo.
Durante el acto se proyectó una selección de imágenes de su archivo personal —muchas de ellas inéditas— que documentan décadas de prospecciones por el Levante almeriense: fragmentos cerámicos sobre el terreno, indicios de ocupación romana, registros gráficos de piezas y enclaves hoy desaparecidos. Un archivo que, como apuntaron sus hijos, merece por sí solo un proyecto de catalogación.

3. El Pepe maestro
El tercer bloque fue, quizá, el más emotivo. Pepe ejerció como maestro durante más de cuatro décadas en los colegios de Pechina y de San Isidro de Níjar, donde llegó a ser Jefe de Estudios y, más tarde, Director. Pero los que subieron a intervenir no hablaron de cargos, sino de lo que aprendieron con él.
Cuatro antiguos compañeros de claustro tomaron la palabra: Loli Sierra, Diego Cruz, Paula Fernández y Juan Ramón Sánchez. Cinco madres y padres de alumnos —Lola Rodríguez, Gádor Navarrete, Manolo Salas, Elías Moreno y Conchi Zurita— añadieron la perspectiva de las familias. Y tres antiguas alumnas cerraron el bloque: Ana Salas y Fátima Callejón, que hablaron en directo, y Victoria Blanco, que participó por vídeo al no poder asistir.
Las intervenciones dibujaron un retrato coincidente: un maestro exigente pero nunca humillante, que confiaba en sus alumnos incluso cuando ellos no confiaban en sí mismos, y que entendía la escuela rural como un lugar donde cabía cualquier experimento que sirviera para aprender. «Nos enseñó a pensar, no a memorizar», resumió una de las antiguas alumnas.
Un vídeo inédito
Dentro de este bloque, la crónica web añade un material que no pudo exhibirse en el acto: un vídeo inédito que recoge el final de una obra de teatro del colegio, justo en el momento en que los niños y el propio Pepe —entonces director del centro— salen a saludar a la audiencia. Los pequeños se vuelven hacia él y le llaman «director, director» con una confianza y un cariño que dicen más, en pocos segundos, que cualquier semblanza. No es solo una escena tierna: es la prueba en directo del estilo pedagógico y del tipo de relación que Pepe construía con su alumnado. Un minuto y medio mágico que resume, sin palabras, todo lo que los profesores, padres y antiguos alumnos intentaron poner en palabras desde el atril durante la tarde.

4. El Pepe investigador
Cuatro décadas después de su primer encuentro con la figura que marcaría su vida intelectual, Pepe dedicó los últimos veinticinco años a reconstruirla pacientemente. Ese fue el Pepe investigador: el que buscó en hemerotecas, archivos municipales, expedientes universitarios y testimonios familiares los fragmentos dispersos de la biografía de Uldarico del Olmo Medina, un catedrático de instituto almeriense que fue alcalde de Almería durante la II República y que terminó represaliado, encarcelado y marginado tras la Guerra Civil.
Para explicar aquella investigación subió al atril Juan Grima, director de Arráez Editores y editor del libro. Su intervención fue una clase magistral —contenida, sin efectismos— sobre lo que significa editar una obra póstuma a partir del material que el autor no pudo cerrar.
Grima explicó que el proyecto le llegó de Pepe en 2012. Durante los años siguientes fueron depurando juntos el texto, pero el trabajo quedó interrumpido por la muerte del autor en agosto de 2022 y, poco después, por un problema informático que borró parte del correo cruzado. Fue entonces cuando Cecilia Ramos Martínez retomó la edición junto al editor: cotejando originales, cerrando referencias y revisando los poemas uno por uno —en una labor que se entiende mejor sabiendo que ella misma es profesora de Lengua y Literatura. «Sin ella este libro no habría llegado a imprenta», dijo Grima.
El resultado son cerca de ochocientas páginas repartidas en dos bloques muy desiguales:
– Más de doscientas páginas escritas por Pepe con la biografía razonada de Uldarico, desde su infancia en una Almería provinciana hasta su entierro en 1972, al que —como recordó Grima— «solo fueron cinco personas». – Más de quinientas páginas con la obra poética completa de Uldarico, escrita en su mayor parte durante los años de prisión en condiciones extremas: en papel de liar, en los márgenes de los pocos libros a los que tuvo acceso, en cualquier superficie que pudiera conservar la tinta.
Quien escuchaba por primera vez el nombre de Uldarico del Olmo Medina descubrió una vida novelesca. Catedrático de instituto, fue alcalde de Almería durante unos meses de la II República por el Partido Radical Socialista. Dimitió cuando un concejal se negó a rectificar públicamente una mentira publicada en la prensa local: aquella coherencia —dijo Grima— «ya lo definía antes de la guerra». Tras el 36, cárcel y campos de concentración. Después, depuración, marginación, supervivencia dando clases particulares a los hijos de quienes, paradójicamente, se beneficiaban del régimen que lo había apartado. Fueron precisamente esos antiguos alumnos, algunos ya colocados en puestos relevantes del franquismo, los que reunieron 240 firmas de apoyo para conseguirle, ya mayor, una paga mínima de la Seguridad Social.
Pepe lo conoció de niño en Almería, donde pasó buena parte de su infancia y adolescencia con sus abuelos: Uldarico vivía muy cerca de la casa familiar y le daba clases particulares. Aquella figura menuda, ya anciana, sembró en un Pepe niño una semilla que solo décadas después —como él mismo contaba— empezó a germinar.
Los poemas
La intervención de Juan Grima se alternó con los recitales de dos poemas extraídos del libro. Diego Cruz leyó Carta desde Miranda (página 292 de la edición), escrita por Uldarico desde el campo de concentración de Miranda de Ebro: un texto duro, sostenido, que el aforo siguió en silencio absoluto. Carmen López puso voz a El Jilguero, más breve y más lírico, con un pájaro enjaulado como metáfora inevitable.
Los dos poemas bastaron para dar idea del caudal poético que el libro rescata por primera vez.

5. El Pepe personal
El último bloque lo cerró la propia Cecilia Martínez, esposa de Pepe (no confundir con su hija mayor Cecilia Ramos Martínez, que había conducido el acto). Subió al atril sin notas y habló durante unos minutos de lo que no sale en los currículos: la vida doméstica, las conversaciones a la hora de la cena, los viajes en furgoneta a los yacimientos de fin de semana con los cuatro hijos —Cecilia, Maricruz, José Ramón y Miguel Ángel— entre cajas de cerámica rota, libros y cámaras; la casa de la Alcorra, el cortijo a las afueras de Pechina donde Pepe pasó sus últimos años.
Contó, también, la tradición familiar de «la ceciliada»: cada 22 de noviembre, día de Santa Cecilia, se reúnen en torno a una mesa las tres generaciones de Cecilias —madre, hija y nieta— y ese día se habla, se come y se acuerdan de Pepe. «No tengo palabras —había dicho su hija al empezar— para expresar lo que se siente al escucharos hablar de mi padre como lo hacéis». La de la viuda fue, seguramente, la intervención que más silencio dejó en la sala.

La placa del pueblo
Fue, probablemente, el momento más emotivo de la tarde. El alcalde Juan Manuel López y la concejala de Cultura Carmen Gómez subieron al escenario para hacer entrega a la familia de una placa conmemorativa con el escudo de Pechina. No fue un gesto protocolario: cuando los cuatro hijos —Cecilia, Maricruz, José Ramón y Miguel Ángel— y su madre Cecilia Martínez recibieron la placa, con el retrato de Pepe proyectado a su espalda, el aforo entero se puso en pie.
Se aplaudió mucho tiempo. Y en silencio, luego, cuando las palabras dejan de ser necesarias. El pueblo reconocía al maestro; la familia recogía, en nombre del maestro, el reconocimiento que hubiera sonrojado al propio Pepe.

El cierre musical: «Gracias a la vida»
La música puso el punto final. Alba Sorroche abrió el cierre con Gracias a la vida, el clásico de Violeta Parra. A continuación Alba y Damián prolongaron el cierre con un pequeño repertorio que incluyó Piensa en mí, Déjame, Si tú no estás y No quiero estar sin ti: todas ellas, canciones que formaban parte de la memoria sentimental de la casa.
El aforo se fue disolviendo despacio, entre abrazos, firmas de ejemplares del libro —que se vendía en una mesa a la entrada— y la sensación compartida de que algo había quedado cerrado y algo había quedado abierto al mismo tiempo. Cerrado, el duelo público por el maestro. Abierto, el trabajo que sus cinco facetas dejan por delante: la publicación del archivo fotográfico, el estudio de las prospecciones arqueológicas, la difusión de la obra de Uldarico del Olmo Medina más allá del libro que ahora se presenta.

El libro
Uldarico del Olmo Medina, Caballero del Bien, de José Ramón Ramos Díaz, publicado por Arráez Editores, está disponible desde ya en nuestra web y en librerías. Unas ochocientas páginas, tapa dura, edición cuidada. Un libro de historia local, de biografía política y de poesía en un mismo volumen. Y, por encima de todo, el testamento intelectual de un maestro que dedicó veinticinco años a rescatar la memoria de otro maestro.
Novedad · Arráez Editores
Uldarico del Olmo Medina, Caballero del Bien
José Ramón Ramos Díaz. ~800 páginas · Tapa dura · Biografía + poesía completa.
25,00 €
Como escribió su hija Cecilia —citando de memoria a su padre— en uno de los momentos más emocionantes del acto:
Para él, el saber de cualquier tipo no era un ejercicio de vanidad, sino una responsabilidad hacia los demás.
¿Tiene usted fotos o vídeos del acto?
Si estuvo en el homenaje y dispone de fotografías, vídeos o cualquier material que pueda enriquecer esta crónica, nos encantaría recibirlo para sumarlo a la memoria del acto y poder compartirlo con la familia.
Puede escribir a Pedro Padilla por WhatsApp al 629 250 050 o por correo a editorial@arraezeditores.com. Muchas gracias.
El cartel del acto

Galería de fotos del acto
Agradecimientos. Este homenaje no hubiera sido posible sin el trabajo del Ayuntamiento de Pechina —alcalde Juan Manuel López, concejalía de Cultura dirigida por Carmen Gómez, con Noelia y Juan Antonio al frente del equipo técnico—, de los amigos, maestros, padres, antiguos alumnos y alumnas que participaron como ponentes, y de la familia Ramos Martínez por permitir compartir públicamente la memoria de Pepe. El fragmento del programa Club de la Idea pertenece a Canal Sur y se reproduce aquí con fines documentales. La grabación de la obra de teatro permanecía inédita hasta la publicación de esta crónica.
Arráez Editores, abril de 2026.








































