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ACTUALIDAD ALMANZORA, Segunda quincena de octubre de 2004,MOVIDAS CIUDADANASDiego Marķa Benedicto CerezuelaEstamos viviendo últimamente por estos lares una movida de movidas ciudadanas en la que cada cual trata de salvar algo, Macenas, Mojácar, Garrucha, Baria, el entorno, el medio ambiente, la tranquilidad, la arqueología, la historia, la cultura, esas cosas. Y estos grupos tratan de salvarlas de los depredadores de siempre, los políticos, los promotores, las entidades financieras, la masa inerte que cree sólo en el progreso económico de las cuentas corrientes sin importarle un pijo que el manoseado y recurrente concepto de calidad de vida sea la gran mentira sobre la que están edificando justamente lo contrario, o sea un nuevo hormiguero mediterráneo donde vivir como ratas, pagado a un precio de oro y vendido como el último paraíso virgen, aunque a estas alturas todos sepamos que los paraísos vírgenes ya no existen, que la calidad de vida es un aparato de aire acondicionado, un coche con extra de extras, la segunda vivienda, el enésimo vestido que nunca me pondré pero que me hace una falta terrible, qué duda cabe. O sea una movida de movidas ciudadanas como la presentada por la asociación Unidos por Baria, asociación que ha propuesto la creación de un patronato destinado a la preservación del patrimonio arqueológico e histórico del Levante, o sea una fundación que evite que yacimientos como el de Villaricos queden enterrados entre el hormigón y el olvido, entre la especulación urbanística y la desidia cultural. Su portavoz, Juan Grima, hizo un llamamiento a la sociedad comarcal lanzando una propuesta concreta para la financiación de tan loable empresa, consistente en la aplicación de un hipotético impuesto cultural del 0,7% sobre los proyectos de construcción inmobiliaria, propuesta que nos aventuramos a pronosticar no será aceptada por los aludidos, con los que habrá que luchar a brazo partido, no ya para que suelten la pasta (que no la van a soltar) sino para que no lancen sus tentáculos, sus influencias y sus cohechos de hecho sobre los lugares y solares donde nuestros ascendientes duermen el largo sueño de la negra noche de la historia y la prehistoria. Y es que todo eso, la historia, la prehistoria, la arqueología, la cultura, no entra en eso otro que ingenua y machaconamente llamamos calidad de vida, ahí sólo entra lo que entra, ya que queda dicho más arriba, aquí no queremos gente formada y capacitada, aquí sólo queremos gente informada de las más absurdas vulgaridades y ramplonerías, todos igualados por el mismo rasero de la mediocridad y la estupidez, todos boquiabiertos ante la riqueza que produce arrasar con todo para que todos podamos vivir en hormigueros de lujo con microondas, cocina de os por dos y encefalograma plano, que es toda la capacidad intelectual que se necesita para ver la tele y para... ver la tele. Como decíamos, una movida de movidas ciudadanas en la que lo más importante no es ya la reivindicación concreta de este o aquel colectivo (que podrá ser más o menos pertinente o impertinente), sino el hecho de plantarse frente a los profesionales del poderío para decirles que ante su ineficacia, su ineptitud y su negligencia hay quien está dispuesto a tomar la iniciativa para suplir la carencias de las que hacen gala, creyendo que su característica dejadez de funciones es algo normal, cuando no es más que habitual: lo normal es lo que se ajusta a la naturaleza que le corresponde; lo habitual (en este caso) es el hábito que no hace al monje, ni da el pego. Y precisamente porque estos movimientos ponen en evidencia, cuando no en entredicho, a los poderes establecidos, es por lo que a los poderes establecidos les da por ningunearlos y/u obstaculizarlos, con el fin de que no remuevan conciencias que acaben exigiendo lo que determinados cargos y determinadas instituciones deberían estar haciendo. Su trabajo, o sea. De manera que todas estas movidas aparecen como algo necesario y enriquecedor, e incluso divertido, ya que cada una de las reivindicaciones e iniciativas en curso ponen de manifiesto la incompetencia y dejadez de alguien, alguien que se cree en las nubes de la grandeza del inefable círculo del poder, alguien que cree en la mágica impunidad de ostentar un cargo. |
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